El ruido del tráfico aumenta un 17% el riesgo de problemas cardíacos


Durante años, el debate sobre la salud urbana se ha centrado sobre todo en la contaminación del aire. Sin embargo, a medida que las ciudades mejoran algunos indicadores ambientales, otros riesgos menos visibles empiezan a ganar protagonismo.
Entre ellos destaca el ruido del tráfico, una exposición constante que muchas veces se asume como parte inevitable de la vida cotidiana, pero que puede tener efectos biológicos mucho más profundos de lo que parecía.
Esa es la principal conclusión que se desprende del estudio AIRCARD, un trabajo prospectivo que analizó la relación entre ruido del tráfico, contaminación atmosférica y enfermedad cardiovascular en Dinamarca.
La investigación siguió a 26.723 hombres de entre 65 y 74 años y concluye que una mayor exposición prolongada al ruido viario se asocia con un incremento significativo del riesgo cardiovascular y de mortalidad general.
En paralelo, otro gran análisis, con más de un millón de adultos, sitúa también el foco en esta misma dirección: el ruido urbano sostenido no solo molesta, también puede enfermar.
El dato más relevante del estudio danés es claro: un aumento de 14,9 decibelios en la exposición al ruido del tráfico se relaciona con un 7,5% más de riesgo de sufrir eventos cardiovasculares adversos mayores y con un 8,1% más de riesgo de mortalidad por cualquier causa.
En el otro análisis, la referencia más divulgada sitúa en un 17% el aumento del riesgo por encima de determinados niveles de exposición. Más allá de la diferencia de diseño entre estudios, ambos apuntan a la misma dirección: el entorno acústico debe incorporarse a la conversación sobre prevención cardiovascular.
La relevancia de estos hallazgos está en que el ruido no actúa solo como una molestia sensorial. El organismo lo interpreta como una señal de alerta.
Esa activación, mantenida en el tiempo, puede alterar el sueño, elevar la presión arterial y favorecer la liberación continuada de hormonas del estrés, como el cortisol y la adrenalina.
El cuerpo, en otras palabras, permanece en un estado de vigilancia del que no logra desconectarse del todo. Ese mecanismo ayuda a explicar por qué el impacto del ruido puede ser especialmente dañino durante la noche. Aunque la persona crea haberse acostumbrado, el organismo sigue respondiendo.
El descanso se fragmenta, la recuperación se reduce y el sistema cardiovascular queda sometido a una sobrecarga silenciosa pero persistente. El estudio AIRCARD refuerza además una idea de gran importancia para la salud pública: el ruido del tráfico parece comportarse como un factor de riesgo independiente, incluso en contextos con niveles relativamente bajos de contaminación atmosférica.
De hecho, tras ajustar por diversos contaminantes, los investigadores no encontraron asociaciones significativas entre varios de ellos y el principal desenlace cardiovascular, mientras que el ruido sí mantuvo su efecto.
Esa conclusión tiene implicaciones de fondo. Durante décadas, la planificación urbana ha tendido a tratar el ruido como un problema secundario, ligado más al confort que a la salud.
Pero los nuevos datos invitan a replantear ese enfoque. Si vivir cerca de vías con tráfico intenso incrementa el riesgo de ictus, eventos cardiovasculares o mortalidad, el ruido deja de ser una externalidad molesta para convertirse en una variable sanitaria.
El interés del estudio aumenta también porque el ruido del tráfico, a diferencia de otros factores, no ha descendido al mismo ritmo que ciertos contaminantes atmosféricos.
Mientras la calidad del aire ha mejorado en muchos entornos europeos, la exposición acústica se ha mantenido más estable. Eso sugiere que parte de la carga cardiovascular urbana podría estar sosteniéndose por una amenaza ambiental menos visible, pero muy persistente.
Los autores del trabajo subrayan, no obstante, varias cautelas. La cohorte estaba formada solo por hombres mayores daneses y la exposición se estimó a partir del domicilio, sin medir de forma directa cuánto tiempo pasaban fuera de casa o las condiciones concretas del aislamiento de cada vivienda. Aun así, la solidez del seguimiento, el ajuste por múltiples variables y la consistencia de los resultados refuerzan la relevancia del hallazgo.
Fuente: www.clarin.com



